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16.07.2019

19/06/2019

Actualidad

¿Qué es capaz de hacer el ser humano para salvarse en situaciones límite?

¿Quién no buscaría la forma de salvarse ante un inminente desastre? O más aún ¿qué somos capaces de hacer con tal de no ir a prisión? 7 años, obra inspirada en la película homónima española de Roger Gual, estrenada hace dos años en Netflix y adapta

Cuatro socios (Walter Quiroz, Florencia Raggi, Nicolás Scarpino y Martín Slipak) de una empresa exitosa se encuentran frente a una situación extrema que necesita urgente una resolución. Luego de cometer un delito que supone un desvío de fondos y estrategias impositivas bastante turbias, deben decidir quién de ellos asumirá la pena de siete años de prisión. Es uno o todos. Para solucionar este dilema en apariencia imposible de resolver le piden ayuda a un mediador. Interpretado por Miguel Ángel Rodríguez, es el personaje que llega de afuera y funciona como contrapunto de estos cuatro compañeros de toda la vida, amigos, socios y cómplices en este fraude que los encuentra acorralados. Ese es el marco en el que se desarrolla la acción de esta historia. "Si para la película el mediador era un personaje más bien callado y poco intervencionista, en este caso tiene un papel central, está puesto el eje en su accionar, de alguna manera termina resolviendo el conflicto. El final es distinto", agrega Valente. Por eso, para quienes vieron la película pueden disfrutar esta nueva versión sin problemas. "Lo interesante es que al ser teatro se puede ver en vivo, presenciar lo que nos está pasando en los cuerpos, ese aquí y ahora", cuenta Quiroz, cuyo personaje se encarga de dirigir la empresa y, por tanto, se trata de un líder natural.

Un tema tan contundente como el que plantea la obra reclama necesariamente una toma de postura por parte de todo el equipo y seguramente por parte de los espectadores. "Me interesan las obras que plantean un debate para después de la función, y esta lo tiene", cuenta Miguel Ángel Rodríguez, en medio de la polémica sobre cuánto vale para cada uno la libertad. "Por suerte la obra se armó bien, con los ensayos y todos los trabajos que hicimos porque es difícil, al tener una intriga que se mantiene durante toda la hora y cuarto necesitó un tiempo para que aparezca ese ritmo preciso que se genera desde el grupo. Lo que nos interesaba es que se puedan ver los vínculos, porque lo rico se da en ese entramado de historias entre los personajes", cuenta Slipak, que tiene a cargo el personaje tal vez más inescrupuloso y, por eso, menos piadoso. "Sin embargo, yo entiendo a todos los personajes -cuenta Raggi-, porque si bien en la obra aparece la inmoralidad, hay que ver qué pasaría si estuviéramos frente a una situación similar. Esto que vemos como inmoral desde afuera en una de esas no lo es tanto en el fuero íntimo. En situaciones límite, ¿qué hace el ser humano para salvarse? Se puede ver como que son impiadosas o también se pueden pensar como personas normales que en una situación extrema sacaron la supervivencia natural". Por eso la tarea de la platea será activa: "El espectador va a terminar siendo el sexto integrante, porque va a tomar postura", afirma Nicolás Scarpino, que representa a Luis, personaje clave en esta trama, el que aparece como más débil o influenciable por un lado, pero porta a la vez la carga de ser el creador de este producto que los convirtió en millonarios.

"Ojalá que logremos que los espectadores piensen qué les pasaría si estuvieran en esa situación, que se puedan sentir identificados", suma Raggi. Y un poco de eso se trata este desafío que emprendió Valente: "La idea con la que trabajé es que se trata de personas comunes que en un momento determinado inventaron algo y la pegaron, podría ser como Galperín, el creador de Mercado Libre. No perdí de vista nunca ese eje, que se trata de personas de carne y hueso".

Por supuesto que la pregunta sobre cuánto valen siete años privados de libertad está a la orden del día; quienes vayan a verla se irán con esa pregunta titilando, y el elenco, también. "No tiene precio", dicen los cinco al unísono. Esa respuesta es lo primero que se escucha. No tardan en llegar los peros. Que no es lo mismo con una tobillera en casa que en la cárcel, que no es lo mismo en cada momento de la vida y un largo etcétera de lo más jugoso. "El precio lo determina quien te espera afuera. Si tenés una hija tolerarías esos siete años con tal de volverla a ver. Es un tiempo que tiene fin", sentencia Slipak. "Para pensarlo y entenderlo sí o sí tenés que acercarte a la idea", arremete Quiroz.

Dirigida por Nelson Valente

Viernes, a las 20; sábados, a las 22, y domingos, a las 21.

El Picadero, Pje. E. S. Discépolo 1857.

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